Las Anas en nuestras vidas. Lucas 2:36-38

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Las Anas en nuestras vidas. Lucas 2:36-38

Había también una profetiza, Ana hija de Penuel, de la tribu de Aser. Era muy anciana; casada de joven, había vivido con su esposo siete años, y luego permaneció viuda hasta la edad de ochenta y cuatro. Nunca salía del templo, sino que día y noche adoraba a Dios con ayunos y oraciones. Llegando en ese mismo momento, Ana dio gracias a Dios y comenzó hablar del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.

Ana ya siendo una mujer mayor, vivía una vida que daba gloria a Dios. Glorificaba a Dios. Ella fue una mujer que puso su esperanza en Dios. Tenemos solamente tres versículos en toda la biblia que nos habla de esta viuda Pero podemos ver que era un tipo de mujer que tenía un corazón para el Señor. Se mantuvo fiel, no abandono su compromiso a Cristo, no trajo desgracia al nombre de Cristo, no siguió falsos maestros, se mantuvo fiel a través de su larga vida hasta la meta final.

Ana fue uno de los primeros testigos del recién nacido Jesucristo y de cómo Dios uso esta mujer como un ejemplo de fe en sus días y cómos nos ha bendecido hoy.

¿Conoces una Ana o Anas en tu vida? Yo he tenido el privilegio de conocer varias pero hubo una mujer que fue muy especial en mi vida. Mi Ana se llamaba “María” y fue a morar con el señor a los 93 años. Solamente fue al tercer grado y tenía una personalidad muy fuerte. De muy joven tuvo que criar a sus hermanos y sus tres hijos. A los 45 años conoció al Señor y desde ese día amo al Señor con todo su corazón. Tenía un corazón de sierva, hospitalaria, intercesora, era verdaderamente feliz con el Señor ya que se regocijaba siempre en Él. Ella tenía un Salmo para todo y nos hacia memorizarlo a mi hermana y a mí.  Me enseñó desde muy niña lo que significaba amar al Señor con toda tu alma y con todo tu corazón. Se gozaba de mis alegrías y también lloraba conmigo en mis momentos difíciles. Cuando me dijeron que ella tenía Alzheimer a los 86 años, sentí una gran tristeza porque yo sabía que poco a poco iba a perder a mi mentor, amiga, hermana en Cristo y mi abuela. En sus últimos días ya ella no me conocía, pero un día que estaba lloviendo bien fuerte yo me le acerque al oído y le dije: “vamos  a orar”, y le pedí al Señor que calmara el viento y la lluvia; a lo que ella me contesto: “¿Está lloviendo? Ten cuidado no salgas con lluvia”. Después de ese día yo comencé a orarle cerca del oído y ella me entendía, le cantaba y ella me seguía cantando los coritos preferidos. Los doctores se quedaban sorprendidos de como ella tenía esa lucidez solamente en ese momento de oración. Mi abuela era realmente una Ana para mi vida. Una mujer de fe en el Señor Jesús.

“Oh Dios, tú me has enseñado desde mi juventud , y hasta ahora he anunciado tus maravillas y aun en la vejez y las canas, no me desampares, oh Dios hasta que anuncie tu poder a esta generación, tu poderío a todos los que han de venir”  Salmos 71:17-18

¡Esta es mi oración para ustedes también!

Sandra Rice.

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