Nuestra obligación con las naciones

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Nuestra obligación con las naciones

Imagínese más de 6.000 etnias que comprenden miles de millones de personas que todavía no han escuchado que Dios los ama. Algunos de ellos ni siquiera han escuchado el nombre de Jesús. Al mismo tiempo, Jesús nos ha dado, como sus seguidores, un claro mandato: “Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo” Mateo 28:19-20 (NVI). Esto es lo que llamamos la “Gran Comisión”. Y llamamos el evangelio, las “buenas nuevas” de lo que Dios nos dio a través de Cristo. Estamos en deuda de llevar este evangelio al mundo. Como Pablo dijo en Romanos 1:14, estamos “obligados” a decirle a las naciones esta buena noticia. Los creyentes que estamos de este lado del cielo tenemos que presentar el evangelio a los hombres y las mujeres perdidos que están en ese lado del infierno. Pero, ¿de verdad creemos que Jesús hablaba en serio cuando nos comisionó a nosotros? ¿Y nuestras acciones, nuestras decisiones, el uso de nuestros recursos, y nuestra vida muestran que estamos actuando seriamente en llevar el evangelio a las personas que nunca lo han escuchado? “El evangelio es una buena noticia solo si llega a tiempo”, dijo el teólogo cristiano, Carl Henry. Para que el evangelio llegue a tiempo a todas las personas en la tierra, IMB se está enfocando en exaltar a Cristo, en movilizar a los cristianos, en servir a la iglesia y en cumplir la Gran Comisión. Exaltar a Cristo Más que nada, queremos exaltar a Jesucristo en todo lo que decimos, pensamos y hacemos. Jesús tiene que ser el centro de cualquier estrategia misionera. Después de todo, lo hermoso de la Gran Comisión es que Cristo promete ser el que cumplirá esta misión a través de nosotros. “Y les aseguro”, dijo Jesús  “que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:20 NVI). Exaltamos a Cristo cuando confiamos en su Palabra. La Palabra de Dios es la autoridad de lo que creemos y la guía para nuestra manera de funcionar. Nuestro objetivo en la misión no es inventar planes y pedirle a Dios que los bendiga, sino adaptarnos al plan que él ya ha prometido bendecir. El plan es hacer discípulos y multiplicar iglesias en todas las naciones. Y exaltamos a Cristo cuando obedecemos su plan. Más que nuestras propias vidas, queremos la gloria de Cristo entre todas las naciones. Estamos cautivos por la visión de Jesús alto y sublime, recibiendo la alabanza de todos los pueblos de la tierra. Su exaltación es lo que nos impulsa en nuestra misión.

Por David Platt

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